jueves, 3 de diciembre de 2009

Preparando la sesión preparatoria

Si hasta hace algún tiempito se creía que la sesión preparatoria en la que pretendía incorporarse Patti como diputado electo había sido de las más movidas y destacadas de los últimos años, la de hoy promete mucho, muchísimo, más circo que aquella. En realidad no hay que remontarse muchas décadas para encontrar sesiones preparatorias al tono de la de Patti. Durante la Presidencia de Frondizi, se producían conflictos porque el sistema electoral habilitaba la llamada “borratina” (las listas no eran bloqueadas, y el elector podía alterar el orden en que figuraban los candidatos, borrando a alguno de ellos). Solía ocurrir que las líneas internas de los partidos recurrían a la “borratina organizada”: una buena cantidad de votantes borraba al mismo candidato por indicación de algún otro. (Quienes proponen abrir y desbloquear las listas de candidatos harían bien en leer los diarios de sesiones de esa época.)
La sesión de hoy tiene el condimento de que nadie está seguro de cuántos votos va a tener. Si bien la oposición se adjudica la mayoría, está todo por verse. Hay una buena cantidad de diputados que están de lo más contentos con el rol de árbitros que hoy van a estrenar.
Clarín hace un despliegue interesante. En un reportaje a Aguad le hacen decir en el titular correspondiente algo que está a contramano de su discurso habitual acerca del diálogo, el consenso y la sarasa: “El que tiene la mayoría impone las reglas”. En el cuerpo de la nota, el entrevistado se queja de que los K así lo hicieron todos estos años, y ahora no quieren dejarlos a ellos. Insisto en que si de verdad tuvieran el número, hace rato se hubiera terminado la novela de la preparatoria.
En otra de sus notas, vuelven con lo de Pinky. Desde ayer que especulan en que ella podría presidir la Cámara hasta marzo. A ver señores si ponemos las cosas en su lugar. La Presidencia de Pinky podría durar lo que un suspiro. Es tradicional en nuestros cuerpos parlamentarios me atrevería decir desde la Asamblea del año XIII, que en el primer instante sus miembros aún no formalmente incorporados propongan que la presida el de mayor edad. Inmediatamente, se elige a un Presidente provisional para la toma de juramento. Por una cuestión de practicidad se nomina al mismo. A continuación, juran los que deben incorporarse, y luego se eligen las autoridades definitivas. Es decir que ante este panorama de conflicto perfectamente podría darse el caso de que desde el primer momento se proponga otro Presidente provisional, tal vez alguien con más experiencia para manejar una sesión difícil. De hecho, así se hizo en la preparatoria del 6/12/2005, cuando se veía venir lo de Patti.
El tema de los porcentajes y las votaciones conjuntas. Sin que los bloques tengan sus números claros, no hay porcentajes posibles. Pero tampoco los puede haber si la Cámara va a estar fragmentada. Repito: los k químicamente puros podrán tener la primera minoría, pero nada se sabe de muchos de los otros bloques, y menos aún en situaciones cambiantes. El peronismo disidente ya se dividió, por ejemplo, en el tema de las comisiones. ¿Cómo se puede votar algo que no se tiene claro?
En 1984 se estrenó la película Las bicicletas son para el verano, basada en una obra de Fernando Fernán Gómez. Era la época de El crimen de Cuenca, Solos en la madrugada, Los santos inocentes. Contaba la historia de una familia madrileña durante los años de la guerra civil, y las privaciones que pasaban. Casi al final de la película, con el conflicto terminado, hay una escenita que me quedó grabada: los protagonistas (padre e hijo) ven a unos guardias civiles (o soldados franquistas, no me acuerdo), maltratando a alguien por la calle con total impunidad (diríamos en estos días). El padre le dice al hijo: “No ha llegado la Paz, ha llegado la Victoria”. Ojalá todos los protagonistas de hoy, en especial quienes obtengan el mayor número de votos, recuerden más la frase “Ni vencedores ni vencidos” que la de la película. La Victoria de hoy, le sonría a quien le sonría, va a ser efímera. Todas las decisiones deberán ser trabajosamente construidas. Espero que lo entiendan, incluso, y en especial, aquellos que ocuparán las barras del recinto de la Cámara de Diputados.

martes, 1 de diciembre de 2009

"Vamos por todo", "¿Podemos?"

Dos versiones recorren los medios: los más exaltados afirman que el no oficialismo intentará forzar (como suelen decir) una votación conjunta de las autoridades de la Cámara de Diputados y de la integración de las comisiones (algo así como el Núcleo de Coincidencias Básicas de la reforma de 1994, pero sin las coincidencias). Los más circunspectos (Crítica, Parlamentario y Página/12) sólo dicen que se reclamará la proporcionalidad en la integración de las comisiones, en parte por falta de un acuerdo integral entre el no oficialismo.
¿Cuáles son los exaltados? A ver, a ver… y sí, claro. La Nación y Clarín, obvio. Este último, como es más farandulero, desde ayer que destaca que Pinky va a ocupar la Presidencia provisional de la Cámara por ser la de mayor edad de quienes van a estar presentes el 3 de diciembre, el día de la jura de los diputados electos. La única función del Presidente de mayor edad suele ser tomar este juramento, justamente. A continuación, se eligen las autoridades definitivas. El reglamento no prevé una votación conjunta; tampoco la prohíbe. Pero parecen ser de naturaleza distinta, ya que una (la de las autoridades de la cámara) es “a [¿simple?] pluralidad de sufragios”.
Como la Cámara en estos últimos veintiséis años no se abocó a la decisión sobre las comisiones en la sesión preparatoria, sino que la delegó en su Presidente, la mecánica para hacerlo está por verse (vale aclarar que tampoco lo hizo en el período 1973-1976, y me atrevería a decir que antes tampoco). Los actores del jueves, es de esperar, tendrán alguna idea concreta al respecto.
Dados los diferentes “ángulos” de la información manejados por los medios, se podría especular que el oficialismo, en público, va a seguir peleando por la mayoría de las comisiones consideradas “estratégicas” (Presupuesto y Hacienda, por ejemplo, la de los impuestos y el presupuesto, precisamente), lo que es claro que no le corresponde, como ya dije. Estarán, todos, contando los porotos. Si de verdad el no oficialismo tuviera los 133, 135 o 138 que los medios dicen, no habría tantas reuniones ni especulaciones. Como ellos mismos suelen decir, “irían por todo”.

sábado, 28 de noviembre de 2009

¿Negociaciones? ¡¡¡Ajjjjjjjjjjjjjjjjjjjj!!!

Con la firma de Laura Serra, La Nación anuncia a toda orquesta un acuerdo opositor para limitar al kirchnerismo en el Congreso, en particular en la Cámara de Diputados. Un acuerdo un poco extraño, ya que sus autores todavía no saben a ciencia cierta cuántos integrantes tendrá cada bloque, y mucho menos cuántos van a ser en total. Especulan, según se dice, que serán entre 135 y 138. Pero estos números son pour la gallerie, ya que hasta el momento sólo una treintena de diputados hizo pública su voluntad de formar bloque y eligieron Presidente (Felipe Solá). Cualquiera que hubiera llegado con certeza al número mágico de 129 (oficialismo u oposición), no hubiera dudado en plantar bandera.
Más adelante en la nota, su autora exhibe su eterna mal intención hacia el Congreso, al decir sobre la conformación de las comisiones: “El reglamento de la Cámara no es preciso sobre la manera en que debería ser resuelta la integración de las comisiones: aunque sugiere que debería respetarse la proporción de los bloques, lo deja librado a las negociaciones políticas”. Ya se sabe que estos periodistas, aunque se los supone conocedores de normas y mecanismos, suelen adoptar el lenguaje de Doña Rosa. Cuando en la calle se habla de “la política” (o de “negociaciones políticas”) casi invariablemente se hace referencia a algo sucio. La autora debería saber y decir que todo en el Congreso es en base a “negociaciones políticas”, que todo queda “librado a negociaciones políticas”. Es la base del funcionamiento de todo cuerpo parlamentario. Si la búsqueda del acuerdo no funciona, está el número. Hoy el número no está, por lo tanto… hay negociaciones. Así de sencillo.
En alguna entrada anterior ya se habló de la frasecita “en lo posible” que utilizan los reglamentos para la conformación de las comisiones, y de la imposibilidad de conseguirlo en un cuerpo altamente fragmentado como los actuales. Mientras no esté claro cuántos diputados hay en cada bloque, es imposible determinar cuántos lugares en las comisiones va a tener cada uno. Lo único claro es que el oficialismo, o, mejor dicho, los K químicamente puros no deberían tener la mayoría por sí mismos, pero sí la primera minoría de cada comisión. Los demás lugares son para todo el arco no oficialista, que en esta circunstancia no es lo mismo que decir “arco opositor”. Y si se dice “todo el arco no oficialista” se incluye también a aquellos que eventualmente podrían votar con el oficialismo. Una verdadera ensalada, como se ve. Imposible de desentrañarse en la sesión preparatoria del próximo jueves, como se ve. A nadie debería sorprenderle que, como en todas las renovaciones, se delegue en el Presidente de la Cámara la designación de los integrantes de las comisiones a propuesta de los bloques. Habrá fuegos de artificio, pero las negociaciones continuarán por un buen tiempo después del juramento del pomposamente denominado “Nuevo Congreso”.

lunes, 16 de noviembre de 2009

Muchos postulantes, un resultado previsible

Aunque cada día parece más difícil, la única posibilidad que tiene el no oficialismo de poner a alguien “propio” en la Presidencia de la Cámara de Diputados es votar todos por el mismo candidato. Esto es así porque el reglamento dispone que tal elección es “a pluralidad de sufragios”. La elección de autoridades del cuerpo es una de las pocas votaciones que se hacen en las cámaras del Congreso que no es por “sí” o por “no”, es decir que podría haber múltiples postulantes. Si cada bloque va a votar por su candidato, ganará indefectiblemente el del oficialismo (¿asistiremos a una discusión acerca de si “pluralidad de sufragios” significa o no “simple pluralidad de sufragios”?). Y si hay más de dos, también.
Es claro que sería un golpe mediático importante, y la agenda de la cámara podría resultar marcada por tal circunstancia, siempre y cuando las presidencias de las comisiones importantes cambien de manos. Es claro que tendría un valor simbólico enorme, y podría ser el inicio del fin de la era “K”.
Pero lo más mediático, si se me permite la expresión, es el carácter de integrante de la “sucesión presidencial” del Presidente de la Cámara de Diputados, lo que está sobredimensionado, a veces hasta el paroxismo. Veamos.
Se suele diferenciar la acefalía del Poder Ejecutivo en transitoria y en definitiva. La primera se da, la mayoría de las veces, cuando el/la Presidente/a realiza un viaje al exterior. En este caso, el Vicepresidente ocupa su lugar por el tiempo que dure la ausencia. Si el vice estuviera impedido por cualquier circunstancia (podría estar de viaje también), le correspondería ejercer el Poder Ejecutivo al Presidente Provisional del Senado, y si éste no pudiera, recién en este caso lo haría el Presidente de la Cámara de Diputados. Pero es una circunstancia transitoria, y la práctica indica que lo único que hacen es “cuidar” el sillón. El Vicepresidente actual ejerció varias veces el Poder Ejecutivo, y no hubo ninguna crisis ni remoción de funcionarios ni nada que se le parezca. El único episodio que indicaría la desconfianza entre la Presidenta y su vice fue la promulgación express del proyecto de Ley de Medios Audiovisuales, dado el inminente viaje de ella, y la asunción transitoria de él.
Es decir que por el lado de la acefalía transitoria, poco es lo que un Presidente de la Cámara de Diputados opositor podría influir.
Para el caso de la permanente, y a falta de Vicepresidente, la única función tanto del Presidente Provisional del Senado como el de la Cámara de Diputados es citar a la Asamblea Legislativa en un plazo brevísimo para que sea este cuerpo el que designe al funcionario que cumpliría con el mandato inconcluso (un gobernador, un senador, un diputado o el Presidente electo, si lo hubiere), además de, otra vez, cuidar el sillón hasta que la decisión se produzca.
Por lo anterior, en mi opinión es poco apropiado que se le asigne una gran importancia al cambio de manos de la Cámara de Diputados desde el punto de vista de la sucesión presidencial. Sí, por supuesto, tiene peso en cuanto a quién es más fuerte. En términos de “señales” que tanto les gustan al periodismo, sería un gran cartelón, pero también, tal vez, un papelón.

lunes, 9 de noviembre de 2009

"¿Vos sos pera? ¿O manzana? ¿O sandía? ¿O uva? ¿O...?"

En Página/12 de hoy, se publican un par de notas sobre la futura composición de las comisiones a partir del 10 de diciembre (aquí y aquí). Como ya dije, al periodismo se le dice cuál es la posición de máxima en este asunto. (Recordemos que, en cualquier negociación, uno tiene una aspiración máxima, que es la que se expone en primer lugar, y una de mínima, que queda convenientemente en reserva. En teoría cualquier punto intermedio nos debería satisfacer. El ejemplo básico es la venta de nuestro departamento, casa, auto, computadora, heladera, etc.: pedimos X pesos, sabiendo que esa cantidad no la van a pagar, y terminamos arreglando por algo menos, que es aproximadamente el valor que suponemos tiene el bien que queríamos vender. Aunque simplista, este es el esquema de los chisporroteos que se están dando.)
Los reglamentos de ambas cámaras del Congreso disponen que las comisiones reflejarán la composición política del cuerpo, dentro de lo posible (artículo 105, de Diputados; y el 91, del Senado). La clave está en la frase “en lo posible” que utilizan ambas normas. Si sólo hubieran dos, tres, cuatro bloques, no habría dificultad en reflejar su proporción en las comisiones. Pero con cerca de cuarenta en diputados y más de veinte en el Senado, es directamente imposible. Si cerca de la mitad de estos bloques son unipersonales, ¿cómo hacer para que cada uno de ellos tenga algún lugar en las comisiones?
Es muy pronto todavía para saber cómo va a ser la composición de ambas cámaras a partir del 10 de diciembre. Lo único que tenemos, a lo sumo, son números aproximados. La dificultad está precisamente en saber cómo se van a dar los reacomodamientos entre los bloques. Cada uno tendrá una idea más o menos certera de cuántos legisladores “propios” tendrá, pero nadie lo sabe con seguridad. El oficialismo podrá aspirar a mantener la mayoría en las comisiones sumando aliados. Al no oficialismo le aguarda una tarea ímproba: por un lado, verificar que el FPV no se lleve esa mayoría por sí solo, pero por otro que los aliados al oficialismo no le copen los lugares. Si insiste con la proporción 60-40, si insiste con esta visión simplista del asunto, se va a llevar más de una sorpresa…

lunes, 26 de octubre de 2009

Sumando peras y manzanas

Si en un cuerpo parlamentario uno de sus bloques es la primera minoría, la conclusión obvia es… ¡que no hay mayoría!
A medida que se acerca la fecha en que se incorporarán los diputados y senadores electos en las últimas elecciones, que se acerca el momento en el cual el oficialismo no contará con la mayoría en la Cámara de Diputados, los chisporroteos sobre los espacios a ocupar se van a llevar la mayor parte de los titulares.
A partir del 10 de diciembre, para cada votación y decisión habrá que barajar y dar de nuevo. Salvo que se consolide una situación en la que varios grupos de diputados se comprometan a votar juntos en todo tipo de circunstancia, a lo que se llama… ¡sí! ¡mayoría!
Las informaciones que se están publicando dan cuenta, como no puede ser de otra manera, de las posiciones de máxima que plantean los bloques: el no oficialismo dice que debe ocupar la Presidencia, la Vicepresidencia 1ª de la Cámara y las presidencias de las comisiones, lo que podrá hacerse realidad sí y sólo sí lograran todos los diputados opositores ponerse de acuerdo. Además, deberían desconocer la costumbre según la cual la Presidencia del cuerpo le corresponde al sector con más diputados. Por otro lado, esta aspiración también supone que el oficialismo no dialoga ni intenta acercar posiciones con ningún otro bloque, algo poco imaginable.
Aunque la práctica indica que la adjudicación de todos los espacios de poder de las cámaras es en base a conversaciones previas, se debe recordar que todos y cada uno de ellos se deciden por votación; y como se dialogó previamente, casi todas de estas votaciones son unánimes. Posiblemente, en los meses subsiguientes al 10 de diciembre asistiremos a un espectáculo inédito en el sentido de que las presidencias y vicepresidencias de las comisiones (o algunas de ellas) surgirán de votaciones divididas. Si este fuera el caso, entonces sabremos que nadie, repito y subrayo, nadie está dispuesto al diálogo. Es decir, no habría diálogo entre los sectores más numerosos, pese a las declamaciones. Y todo se limitaría a un juego de seducción de uno y de otro lado sobre aquellos bloques minoritarios que no necesariamente tienen una posición tomada de antemano.
Preguntita al margen para periodistas: si el Presidente de un sector político le dice a otro “si tu bloque vota positivamente el asunto X, mi bloque va a votar favorablemente el asunto Z”, ¿cómo lo van a llamar? ¿Diálogo o toma y daca? ¿Conversación o cooptación? Van a tener que decidirse, porque es una situación que se va a repetir. Y espero que midan todas con la misma vara…

jueves, 15 de octubre de 2009

"No es para mal de naides..."

Entre mis pocos lectores, hay algunos a los que aprecio y respeto que me reprochan mi tendencia a descalificar las críticas que se le hacen al Congreso por no atender al modo en que allí se hacen las cosas. Y tienen razón… en parte.
Va en contra de las reglas de la lógica argumentar “porque así se hicieron siempre las cosas”. Por otro lado, mi profesora adjunta favorita alguna vez dijo en un curso que “todo los días hay homicidios. Esto no me permite justificarlos ni decir que están permitidos”. Todo esto es cierto.
Pero admitamos cierta graduación en esto. Admitamos también que hay actividades que se nutren y se construyen con su práctica, como la parlamentaria, precisamente. O, más ampliamente, la constitucional. Se puede traer a la memoria la imagen de la catedral gótica construida durante siglos y por varias generaciones expuesta por Nino en sus Fundamentos de Derecho Constitucional. Si cada generación va a destruir lo que hizo la anterior, la obra jamás podría haberse terminado.
Los reglamentos parlamentarios son (sólo) una garantía para las minorías, pero si algo los caracteriza es que sus palabras, sus normas, no son sacramentales, porque se reconoce que también hay que observar cómo se hacen las cosas. Habrá prácticas y costumbres que al principio pudieron ser adecuadas, pero no nos gusta por dónde van transitando. Se deberá desandar el camino o abrir otro. Este es, creo, el acuerdo de base tácito de todos los actores parlamentarios.
Por lo anterior, es que me parece desleal patear el tablero el hacerse los distraídos y poner el grito en el cielo cuando algo se hace de acuerdo a la práctica habitual, sin haberla “denunciado” previamente, montándose así a la agenda y a las necesidades de medios y periodistas cuyo fin parece ser, en la mayoría de los casos, buscar el desprestigio de la institución parlamentaria.