Observatorio unilateral del relato mediático sobre los congresos, parlamentos y/o legislaturas.
jueves, 23 de octubre de 2008
Otra vez sobre las comisiones
A pedido del público... Bueno, empezamos algo pretenciosos... La cuestión es que, a través de los "ga's shared items", leo un artículo publicado en La Nación "Comisiones bicamerales, inactivas y sin control" en el cual se desarrolla lo del título, y se aprovecha para arrojar otra sombra más sobre el proyecto de reestatización jubilatoria, ya que habría una comisión de seguimiento que de algún modo resguardaría los saldos de los aportantes a las cuentas de capitalización de las AFJP.Es cierto. A veces la inactividad del Congreso lo hace indefendible frente a las críticas. Este año tal vez sea uno de los menos productivos del último tiempo.Sí me parece que hay un detalle para señalar una vez más: aunque la práctica legislativa indica que toda la responsabilidad del funcionamiento de las comisiones (y de las cámaras en general) recae en el oficialismo, esto no significa que necesariamente las cosas deban ser de esta manera. Los reglamentos de Diputados y de Senado prevén distintos mecanismos para que el no oficialismo intente poner en marcha los (pesados) engranajes parlamentarios. Es tarea difícil, y hasta ingrata seguramente, pero si hablamos de cuestiones de la mayor importancia, ineludible. Creo que el periodismo en general debería bucear en este ángulo de la información: si la posibilidad reglamentaria está, ¿por qué el no oficialismo se abstiene de explorarla? ¿Por qué el periodismo no le exige al no oficialismo que ejerza su responsabilidad?Evidentemente, y en forma concordante con la línea editorial del medio, al autor de la nota no le interesó indagar en este costado. ¿Por qué? Vaya uno a saber...
martes, 8 de julio de 2008
Una Constitución para La Nación
En La Nación de hoy, bajo el título "El Gobierno insiste en no cambiar el proyecto", se dice:
Es verdad: es muy posible que para el oficialismo sea poco conveniente que el proyecto de las retenciones sea modificado en el Senado y, por lo tanto, deba ser considerado nuevamente en la Cámara de Diputados. Pero la cuestión de las mayorías es un tema aparte. Una buena síntesis del procedimiento puede verse aquí.
¿Cuáles serían las distintas alternativas que podrían darse? Por supuesto, si el Senado aprueba el proyecto enviado por la Cámara de Diputados con la mayoría absoluta de los presentes, el capítulo parlamentario terminó, salvo un eventual veto del Poder Ejecutivo.
La cuestión se presenta, como dice la nota, si se le introducen modificaciones al proyecto. Las posibilidades previstas por la Constitución son dos (y sólo dos): que las reformas sean votadas por mayoría absoluta o por los dos tercios, en ambos casos computados sobre los presentes. Esta diferencia adquiere relevancia si y sólo si la Cámara iniciadora, en este caso la de Diputados, tuviera intención de insistir en su sanción original, ya que para aceptar las modificaciones es suficiente la mayoría absoluta de los presentes.
Dado que un consenso que signifique el voto por los dos tercios en el Senado de este proyecto ya aparece como algo imposible, se debe concluir que, salga como salga, se va a votar con la mayoría absoluta de los presentes. Esto significa que los 129 diputados que votaron afirmativamente la iniciativa de las retenciones el sábado pasado, tendrían abiertas las opciones para insistir con su criterio, o para aceptar las modificaciones de los senadores.
Suponiendo que lo anterior haya sido bien explicado, no hay dificultad en ver lo alejado de la realidad institucional que es el párrafo transcripto más arriba, independientemente de las dificultades políticas que se pudieran presentar para volver al tratar el proyecto en la Cámara de Diputados.
¿Habrá alguien en la redacción del diario que se ocupe de controlar que no se digan semejantes burradas? La lectura de los artículos 77 a 81 de la Constitución Nacional, correspondientes al procedimiento para la formación y sanción de las leyes puede resultar algo confusa, pero es ineludible si se quiere informar apropiadamente sobre el camino que tiene un proyecto de ley en el Congreso.Soportar otro debate en la Cámara de Diputados y conseguir los dos tercios de los legisladores para aprobar cualquier tipo de modificación que propicie el Senado significa, para la Casa Rosada, un temblor que no están dispuestos a tolerar.
La ajustada votación en la Cámara baja dejó exhaustos a los hombres del oficialismo. Si el proyecto de retenciones es modificado por los senadores, esta vez el Gobierno necesitará más aliados para su ratificación, y no la mayoría simple que debió conseguir en el debate del sábado.
Es verdad: es muy posible que para el oficialismo sea poco conveniente que el proyecto de las retenciones sea modificado en el Senado y, por lo tanto, deba ser considerado nuevamente en la Cámara de Diputados. Pero la cuestión de las mayorías es un tema aparte. Una buena síntesis del procedimiento puede verse aquí.
¿Cuáles serían las distintas alternativas que podrían darse? Por supuesto, si el Senado aprueba el proyecto enviado por la Cámara de Diputados con la mayoría absoluta de los presentes, el capítulo parlamentario terminó, salvo un eventual veto del Poder Ejecutivo.
La cuestión se presenta, como dice la nota, si se le introducen modificaciones al proyecto. Las posibilidades previstas por la Constitución son dos (y sólo dos): que las reformas sean votadas por mayoría absoluta o por los dos tercios, en ambos casos computados sobre los presentes. Esta diferencia adquiere relevancia si y sólo si la Cámara iniciadora, en este caso la de Diputados, tuviera intención de insistir en su sanción original, ya que para aceptar las modificaciones es suficiente la mayoría absoluta de los presentes.
Dado que un consenso que signifique el voto por los dos tercios en el Senado de este proyecto ya aparece como algo imposible, se debe concluir que, salga como salga, se va a votar con la mayoría absoluta de los presentes. Esto significa que los 129 diputados que votaron afirmativamente la iniciativa de las retenciones el sábado pasado, tendrían abiertas las opciones para insistir con su criterio, o para aceptar las modificaciones de los senadores.
Suponiendo que lo anterior haya sido bien explicado, no hay dificultad en ver lo alejado de la realidad institucional que es el párrafo transcripto más arriba, independientemente de las dificultades políticas que se pudieran presentar para volver al tratar el proyecto en la Cámara de Diputados.
miércoles, 2 de julio de 2008
Sesionando el fin de semana
Al momento de escribir estas líneas, las comisiones de Agricultura y Ganadería y de Presupuesto y Hacienda no produjeron dictamen sobre el proyecto de las retenciones. Luego de hacer una recorrida por los medios on-line, no es posible saber si las reformas que los diputados oficialistas acordaron entre ellos introducirle admiten más modificaciones (como "conceder" que el techo para las compensaciones sean las 1000 toneladas de soja, en vez de las 750), o si es la postura definitiva del oficialismo.
Igualmente, se puede plantear alguna pequeña duda sobre la forma en que se va a reflejar el debate en la sesión de este proyecto, dadas ciertas condiciones.
Los diputados opositores fatalmente no van a estar de acuerdo con el dictamen que salga de las comisiones (máxime teniendo en cuenta que su única propuesta unificada, hasta ahora, es la derogación lisa y llana de la resolución 125). ¿Cuál va a ser su actitud cuando se quiera llevar el asunto al plenario de la Cámara?
Parece darse como un hecho que el proyecto va a ser considerado de aquí al sábado. Como se supone que todo despacho de comisión debe quedar en observación durante siete días hábiles luego de ser impreso y distribuido para que los diputados que no integraron las comisiones puedan conocerlo y formular las observaciones que consideren pertinentes (artículo 113 del Reglamento de la Cámara de Diputados), es evidente que los tiempos se van a acelerar al máximo. O eso es lo que se supone...
Senderos que se bifurcan
El camino que posiblemente se tome sea el de citar a la realización de una sesión especial para considerar dicho dictamen. Una cuestión que puede generar dudas es, precisamente, la posibilidad o no de darle tratamiento este tipo de despachos sin una decisión de una mayoría especial (dos tercios de los votos) de la Cámara. Para esto hay antecedentes tanto a favor como en contra.
Los diputados no oficialistas, ¿adoptarán una postura obstruccionista al tratamiento del dictamen?
Digresión pretendidamente aclaratoria
Despejemos rápidamente esto de "postura obstruccionista". Habitualmente se dice que la responsabilidad del quórum es del oficialismo. Es decir que si, por el motivo que sea, el no oficialismo pretende dificultar el tratamiento de un proyecto, va a esperar a que los diputados del gobierno lo consiga. Es una táctica parlamentaria habitual, de la que no hay que asustarse ni criticarla siempre y bajo toda circunstancia, pero de la que no se debería abusar.
Otra posible táctica es, una vez iniciada la sesión por haberse conseguido el quorum, sostener que son necesarios los dos tercios de la cámara para habilitar el tratamiento de un dictamen sin el término vencido, como si se tratara de un proyecto sobre tablas. Esto podría demandar cierto tiempo de discusión, mientras, tal vez, se siga conversando entre los bloques.
En definitiva, de apelarse a estas estrategias, la oposición conseguiría postergar por horas o días que se apruebe un proyecto con el que dicen no estar de acuerdo.
¿Vagos o patriotas?
Cuando un grupo de legisladores (sin importar de qué sector) recurre a la práctica de no dar el quórum, los medios repiten la cantinela de que son vagos, de que se les paga por trabajar, y otros sinsentidos por el estilo. Hay infinidad de motivaciones para recurrir a esta estrategia. Una muy simpática se le atribuye a quien fuera presidente del bloque de la UCR durante el gobierno de Alfonsín y al comienzo del de Menem, César Jaroslavsky, quien decía que si se los obligaba a concurrir sí o sí a sesionar, los diputados de la minoría que no estuvieran de acuerdo con un proyecto al que no pudieron modificar en ningún sentido lo estarían "votando con el culo", en alusión a la necesidad de estar sentados en sus bancas para que se los cuente para el quórum.
Tengo enormes dudas de que se les vaya a aplicar el mote de vagos a los diputados no oficialistas que no concurran a prestar el quórum, si eligieran esa táctica. Y hasta podría ocurrir que muchos comunicadores se olviden de sus críticas para pedirles por favor que lo hagan de esa manera. Sería una gran oportunidad para que tales comunicadores se informen y aprendan un poco de tácticas parlamentarias, y las transmitan, por una vez, con cierta precisión. Y que su público no lo olvide.
Igualmente, se puede plantear alguna pequeña duda sobre la forma en que se va a reflejar el debate en la sesión de este proyecto, dadas ciertas condiciones.
Los diputados opositores fatalmente no van a estar de acuerdo con el dictamen que salga de las comisiones (máxime teniendo en cuenta que su única propuesta unificada, hasta ahora, es la derogación lisa y llana de la resolución 125). ¿Cuál va a ser su actitud cuando se quiera llevar el asunto al plenario de la Cámara?
Parece darse como un hecho que el proyecto va a ser considerado de aquí al sábado. Como se supone que todo despacho de comisión debe quedar en observación durante siete días hábiles luego de ser impreso y distribuido para que los diputados que no integraron las comisiones puedan conocerlo y formular las observaciones que consideren pertinentes (artículo 113 del Reglamento de la Cámara de Diputados), es evidente que los tiempos se van a acelerar al máximo. O eso es lo que se supone...
Senderos que se bifurcan
El camino que posiblemente se tome sea el de citar a la realización de una sesión especial para considerar dicho dictamen. Una cuestión que puede generar dudas es, precisamente, la posibilidad o no de darle tratamiento este tipo de despachos sin una decisión de una mayoría especial (dos tercios de los votos) de la Cámara. Para esto hay antecedentes tanto a favor como en contra.
Los diputados no oficialistas, ¿adoptarán una postura obstruccionista al tratamiento del dictamen?
Digresión pretendidamente aclaratoria
Despejemos rápidamente esto de "postura obstruccionista". Habitualmente se dice que la responsabilidad del quórum es del oficialismo. Es decir que si, por el motivo que sea, el no oficialismo pretende dificultar el tratamiento de un proyecto, va a esperar a que los diputados del gobierno lo consiga. Es una táctica parlamentaria habitual, de la que no hay que asustarse ni criticarla siempre y bajo toda circunstancia, pero de la que no se debería abusar.
Otra posible táctica es, una vez iniciada la sesión por haberse conseguido el quorum, sostener que son necesarios los dos tercios de la cámara para habilitar el tratamiento de un dictamen sin el término vencido, como si se tratara de un proyecto sobre tablas. Esto podría demandar cierto tiempo de discusión, mientras, tal vez, se siga conversando entre los bloques.
En definitiva, de apelarse a estas estrategias, la oposición conseguiría postergar por horas o días que se apruebe un proyecto con el que dicen no estar de acuerdo.
¿Vagos o patriotas?
Cuando un grupo de legisladores (sin importar de qué sector) recurre a la práctica de no dar el quórum, los medios repiten la cantinela de que son vagos, de que se les paga por trabajar, y otros sinsentidos por el estilo. Hay infinidad de motivaciones para recurrir a esta estrategia. Una muy simpática se le atribuye a quien fuera presidente del bloque de la UCR durante el gobierno de Alfonsín y al comienzo del de Menem, César Jaroslavsky, quien decía que si se los obligaba a concurrir sí o sí a sesionar, los diputados de la minoría que no estuvieran de acuerdo con un proyecto al que no pudieron modificar en ningún sentido lo estarían "votando con el culo", en alusión a la necesidad de estar sentados en sus bancas para que se los cuente para el quórum.
Tengo enormes dudas de que se les vaya a aplicar el mote de vagos a los diputados no oficialistas que no concurran a prestar el quórum, si eligieran esa táctica. Y hasta podría ocurrir que muchos comunicadores se olviden de sus críticas para pedirles por favor que lo hagan de esa manera. Sería una gran oportunidad para que tales comunicadores se informen y aprendan un poco de tácticas parlamentarias, y las transmitan, por una vez, con cierta precisión. Y que su público no lo olvide.
lunes, 30 de junio de 2008
Aportando confusión
El artículo que aparece en la edición on line de La Nación, titulado "En medio de advertencias opositoras, el Congreso encara una semana decisiva", apenas si aporta algo más que confusión: hay una marcada distancia entre parte de la volanta de la nota, que dice "Carrió recordó que antes de evaluar proyectos alternativos, las comisiones deben definir si aceptan o no la resolución oficial" y su contenido. En la parte que corresponde a este tema dice:
Las diferencias son obvias. Más allá de las presiones y posiciones políticas, de los deseos del oficialismo para que se acepte su proyecto tal y como lo envió, son casi nulos los límites que tienen las comisiones para introducir modificaciones en los proyectos que tienen bajo análisis y no tienen ninguna obligación de votar negativamente un proyecto para recién ponerse a considerar iniciativas alternativas. Sin intención de defender a la verborrágica líder de su sector, es una síntesis desafortunada de lo dicho por Carrió hacerlo aparecer como que hay una instancia formal de aceptación o rechazo del proyecto oficial. Pareciera que todos están jugando un juego bastante peligroso: el oficialismo "oficial" sigue tensando la cuerda con una iniciativa que pareciera ser políticamente poco viable; y la oposición tirando de esa misma cuerda exactamente en sentido contrario, ya que su proyecto "alternativo" es, simplemente, volver todo a la situación previa a la resolución 125. En el medio, ¿habrá algo?
"Más allá del proyecto de éste, o del proyecto de otro y de posibles acuerdos, las dos posiciones centrales que están en juego son la ratificación o el rechazo de la resolución 125", planteó la líder de la Coalición Cívica.
"Obviamente va a haber proyectos alternativos, supongamos que Solá presenta el propio", concedió la ex diputada. "Pero la primera votación será la del proyecto que se trata en el recinto, que es el del oficialismo, y ese proyecto ratifica [la resolución] 125", explicó en declaraciones a radio Mitre.
En este contexto, Carrió dudó que un proyecto alternativo que contemple la liminación del esquema de retenciones móviles logre prosperar en la Cámara de Diputados. "No. Eso es imposible. Sería imposible de digerir para los diputados kirchneristas. Además, [el ex presidente Néstor] Kirchner dice hay que jugar a la ratificación de la resolución. Así va a ser, no hay otra alternativa, a favor o en contra", concluyó.
Las diferencias son obvias. Más allá de las presiones y posiciones políticas, de los deseos del oficialismo para que se acepte su proyecto tal y como lo envió, son casi nulos los límites que tienen las comisiones para introducir modificaciones en los proyectos que tienen bajo análisis y no tienen ninguna obligación de votar negativamente un proyecto para recién ponerse a considerar iniciativas alternativas. Sin intención de defender a la verborrágica líder de su sector, es una síntesis desafortunada de lo dicho por Carrió hacerlo aparecer como que hay una instancia formal de aceptación o rechazo del proyecto oficial. Pareciera que todos están jugando un juego bastante peligroso: el oficialismo "oficial" sigue tensando la cuerda con una iniciativa que pareciera ser políticamente poco viable; y la oposición tirando de esa misma cuerda exactamente en sentido contrario, ya que su proyecto "alternativo" es, simplemente, volver todo a la situación previa a la resolución 125. En el medio, ¿habrá algo?
viernes, 27 de junio de 2008
Sobre votos y puertas cerradas
Qué semanita la que pasó, ¿no? Y todavía faltan algunas más. Porque nadie se olvide que lo que se está discutiendo es un proyecto de ley, por lo que debe ser analizado en el Senado también. Los senadores hasta podrían hacer una ronda de consultas exactamente igual o incluso más amplia que la que se hizo estos días en el plenario de las comisiones de Agricultura y Ganadería y de Presupuesto y Hacienda, ya que ellos tienen las mismas "atribuciones" para estudiar los proyectos que los diputados.
Hasta donde pude ver, no ha habido más que crónica periodística sobre las actividades del Congreso, que, de acuerdo a esta misma crónica, se limitó a las reuniones de aquellas dos comisiones. Lo que no es tan así, ya que, por ejemplo, la Comisión de Legislación General de Diputados analizó un proyecto sobre arrendamientos rurales (que algo tiene que ver con el monotema de los últimos meses).
Sin embargo, se comienza a especular sobre qué podría pasar a partir de hoy, lunes 30. Tomemos como ejemplo la nota publicada ayer en Clarín de Marcelo Helfgot, titulada "Retenciones: cómo será el debate en una semana caliente en el Congreso", de la que se podrían comentar lo siguiente:
Se insiste en esta nota y en general con que son necesarios 129 votos favorables para aprobar el proyecto. Esta cantidad es, casualmente, la cantidad de diputados "propios" que tiene el gobierno y la mayoría absoluta del total de miembros de la cámara. Pero resulta que la regla general para la aprobación de proyectos en las cámaras del Congreso es la mayoría absoluta de los presentes. Es decir que para saber cuántos votos afirmativos son necesarios para que el famoso proyecto del Poder Ejecutivo dé el primer paso en el Congreso, lo primero que hay que saber es que cuántos diputados están sentados en sus bancas.
Es obvio que al momento de votar el proyecto va a haber muchos diputados presentes, dado que es una de esas pocas ocasiones en que todo el país va a estar pendiente de lo que se resuelva. Pero lo más probable es que el proyecto que finalmente se apruebe va a contar con varios votos menos que los famosos 129.
Otra pequeña cuestión es que se machaca con que la reunión de las comisiones es "a puertas cerradas" o "exclusiva para legisladores". No tengo conocimiento que los diputados integrantes de las mismas hayan decidido que sea secreta (tampoco sería razonable), por lo que es de suponer que es, o debería ser, pública. Lamentablemente, esto no se aclara lo suficiente, y quedaría la sensación de que la discusión va a ser confidencial. Las reuniones eran transmitidas, por el sistema de televisación interno, al auditorio de la Cámara (los canales habían pedido tener acceso a esa transmisión). Espero que se haya previsto continuar de ese modo.
En fin, como respondí a un comentario de la entrada anterior, la ronda de consultas de la semana pasada pudo haber sido caótica o desprolija, pero era prácticamente la única oportunidad de que los diputados las escuchen. Esta semana parece que les toca hablar a los legisladores, y se va a comenzar a descorrer el velo de cuál va a ser la decisión de cada uno. El drama, ¿seguirá abierto o habrá algún cierre?
Hasta donde pude ver, no ha habido más que crónica periodística sobre las actividades del Congreso, que, de acuerdo a esta misma crónica, se limitó a las reuniones de aquellas dos comisiones. Lo que no es tan así, ya que, por ejemplo, la Comisión de Legislación General de Diputados analizó un proyecto sobre arrendamientos rurales (que algo tiene que ver con el monotema de los últimos meses).
Sin embargo, se comienza a especular sobre qué podría pasar a partir de hoy, lunes 30. Tomemos como ejemplo la nota publicada ayer en Clarín de Marcelo Helfgot, titulada "Retenciones: cómo será el debate en una semana caliente en el Congreso", de la que se podrían comentar lo siguiente:
Se insiste en esta nota y en general con que son necesarios 129 votos favorables para aprobar el proyecto. Esta cantidad es, casualmente, la cantidad de diputados "propios" que tiene el gobierno y la mayoría absoluta del total de miembros de la cámara. Pero resulta que la regla general para la aprobación de proyectos en las cámaras del Congreso es la mayoría absoluta de los presentes. Es decir que para saber cuántos votos afirmativos son necesarios para que el famoso proyecto del Poder Ejecutivo dé el primer paso en el Congreso, lo primero que hay que saber es que cuántos diputados están sentados en sus bancas.
Es obvio que al momento de votar el proyecto va a haber muchos diputados presentes, dado que es una de esas pocas ocasiones en que todo el país va a estar pendiente de lo que se resuelva. Pero lo más probable es que el proyecto que finalmente se apruebe va a contar con varios votos menos que los famosos 129.
Otra pequeña cuestión es que se machaca con que la reunión de las comisiones es "a puertas cerradas" o "exclusiva para legisladores". No tengo conocimiento que los diputados integrantes de las mismas hayan decidido que sea secreta (tampoco sería razonable), por lo que es de suponer que es, o debería ser, pública. Lamentablemente, esto no se aclara lo suficiente, y quedaría la sensación de que la discusión va a ser confidencial. Las reuniones eran transmitidas, por el sistema de televisación interno, al auditorio de la Cámara (los canales habían pedido tener acceso a esa transmisión). Espero que se haya previsto continuar de ese modo.
En fin, como respondí a un comentario de la entrada anterior, la ronda de consultas de la semana pasada pudo haber sido caótica o desprolija, pero era prácticamente la única oportunidad de que los diputados las escuchen. Esta semana parece que les toca hablar a los legisladores, y se va a comenzar a descorrer el velo de cuál va a ser la decisión de cada uno. El drama, ¿seguirá abierto o habrá algún cierre?
jueves, 19 de junio de 2008
Carta abierta a la comunidad parlamentaria
Señores legisladores. Señores funcionarios parlamentarios.
De mi mayor consideración,
Hoy les toca interpretar el movimiento presto agitato. La orquesta se debe preparar para sonar brillante, ardiente, con profusión de timbres, de registros, de dinámica, y llegar así a un imponente final bien allá arriba que nos deje sin aliento antes de que explote el aplauso. Tal vez después puedan volver al andante, al tono menor. Pero sabiendo que están preparados para todo.
El foyer se está llenando de público impaciente. La sala la tienen que tener bien preparada, todo arregladito y limpito para recibirlo. No puede quedar nadie afuera. Es más, deberían chequear si alguno de los asistentes es intérprete para ver si podría aportar algo a su versión de la obra.
Si lo pensamos bien, la que van a tocar en sí misma no es de las que quedan en la historia. Pero las circunstancias hacen que esta interpretación en particular sí. Depende de ustedes. Hoy, señores legisladores, son puestos en el medio de la escena política y mediática, con lo que cuentan con una oportunidad excepcional de hacer ver si y cuánto es importante su tarea.
["Proyecto blindado" o "proyecto trampa", entre otras cosas, son los poco amables calificativos que recibió la iniciativa del Poder Ejecutivo sobre la cuestión de las retenciones. Es que fue de una torpeza descomunal que el Jefe de Gabinete, entre otros, hiciera público su deseo de que el voto en el Congreso sólo se limitara al sí o al no a la ratificación del esquema completo armado trabajosamente en estos cien días.]
Lo primero que tienen que tener en cuenta que los congresos son "casas de vidrio" en las que todo se ve y es público, tal vez hoy más que nunca. No permitan que ninguna traba burocrática dificulte el acceso de aquel público impaciente a sus debates y discusiones, tanto en las comisiones como en el recinto. Es verdad, su casa, señores diputados, o mejor dicho, sus comisiones, están poco preparadas para esto. Sus salas de reuniones no tienen una platea desde donde seguir el intercambio de opiniones, por ejemplo. Apenas si hay lugar para ustedes, los diputados, y sus asesores. Por esto, es que deben prever la mayor difusión de sus reuniones, y buscar el ámbito adecuado para una masiva concurrencia. Tal vez puedan recurrir a las audiencias públicas (previstas en el artículo 114 bis del Reglamento de la HCD).
Cada uno de ustedes debe ensayar muy bien su parte. El concertino podrá ser el centro de las miradas y al que le toca tomar gran parte de las decisiones, pero no sería nada sin los demás, incluso sin el asistente que prepara los atriles. Todos saben que suman algo, y esta es la oportunidad de que quede bien claro.
Hicieron bien en adelantar para el lunes a las 17:30 el primer ensayo sobre el tema que les toca interpretar. No permitan que nada los distraiga. Aunque la sala de ensayo es bastante grande, aun así va a ser incómoda. Pero su tarea es más importante. Y aunque el producto final pueda tener relevancia, el procedimiento que vayan a utilizar es vital porque es más que posible que su ejecución no sea del gusto de todos, pero si son capaces de mostrar en qué lo sustentan, escuchando todas las sugerencias, su decisión será intachable.
Luego de la función nos podremos dedicar cada uno a lo nuestro. Que no otra cosa queremos. Y ustedes podrán recordar la frase del Quijote: "A quien da todo lo que tiene, no se le puede pedir más".
No defrauden.
Los saludo con toda cordialidad.
De mi mayor consideración,
Hoy les toca interpretar el movimiento presto agitato. La orquesta se debe preparar para sonar brillante, ardiente, con profusión de timbres, de registros, de dinámica, y llegar así a un imponente final bien allá arriba que nos deje sin aliento antes de que explote el aplauso. Tal vez después puedan volver al andante, al tono menor. Pero sabiendo que están preparados para todo.
El foyer se está llenando de público impaciente. La sala la tienen que tener bien preparada, todo arregladito y limpito para recibirlo. No puede quedar nadie afuera. Es más, deberían chequear si alguno de los asistentes es intérprete para ver si podría aportar algo a su versión de la obra.
Si lo pensamos bien, la que van a tocar en sí misma no es de las que quedan en la historia. Pero las circunstancias hacen que esta interpretación en particular sí. Depende de ustedes. Hoy, señores legisladores, son puestos en el medio de la escena política y mediática, con lo que cuentan con una oportunidad excepcional de hacer ver si y cuánto es importante su tarea.
["Proyecto blindado" o "proyecto trampa", entre otras cosas, son los poco amables calificativos que recibió la iniciativa del Poder Ejecutivo sobre la cuestión de las retenciones. Es que fue de una torpeza descomunal que el Jefe de Gabinete, entre otros, hiciera público su deseo de que el voto en el Congreso sólo se limitara al sí o al no a la ratificación del esquema completo armado trabajosamente en estos cien días.]
Lo primero que tienen que tener en cuenta que los congresos son "casas de vidrio" en las que todo se ve y es público, tal vez hoy más que nunca. No permitan que ninguna traba burocrática dificulte el acceso de aquel público impaciente a sus debates y discusiones, tanto en las comisiones como en el recinto. Es verdad, su casa, señores diputados, o mejor dicho, sus comisiones, están poco preparadas para esto. Sus salas de reuniones no tienen una platea desde donde seguir el intercambio de opiniones, por ejemplo. Apenas si hay lugar para ustedes, los diputados, y sus asesores. Por esto, es que deben prever la mayor difusión de sus reuniones, y buscar el ámbito adecuado para una masiva concurrencia. Tal vez puedan recurrir a las audiencias públicas (previstas en el artículo 114 bis del Reglamento de la HCD).
Cada uno de ustedes debe ensayar muy bien su parte. El concertino podrá ser el centro de las miradas y al que le toca tomar gran parte de las decisiones, pero no sería nada sin los demás, incluso sin el asistente que prepara los atriles. Todos saben que suman algo, y esta es la oportunidad de que quede bien claro.
Hicieron bien en adelantar para el lunes a las 17:30 el primer ensayo sobre el tema que les toca interpretar. No permitan que nada los distraiga. Aunque la sala de ensayo es bastante grande, aun así va a ser incómoda. Pero su tarea es más importante. Y aunque el producto final pueda tener relevancia, el procedimiento que vayan a utilizar es vital porque es más que posible que su ejecución no sea del gusto de todos, pero si son capaces de mostrar en qué lo sustentan, escuchando todas las sugerencias, su decisión será intachable.
Luego de la función nos podremos dedicar cada uno a lo nuestro. Que no otra cosa queremos. Y ustedes podrán recordar la frase del Quijote: "A quien da todo lo que tiene, no se le puede pedir más".
No defrauden.
Los saludo con toda cordialidad.
miércoles, 18 de junio de 2008
Futurología
Vamos a utilizar como excusa un artículo pobre de toda pobreza de la versión on line de Infobae, pomposamente titulado "Los pasos que tendrá que cumplir la iniciativa oficial", para hacer algo de futurología respecto del proyecto de las retenciones.
¿Por qué el artículo es pobre? Para empezar, habla de los pasos a cumplir, pero sólo considera lo que puede pasar en Diputados. En segundo lugar, dice que "podría" haber un dictamen conjunto, pero DEBE haber un dictamen conjunto. Que se reúnan es otra cuestión. En realidad, es lo que formalmente corresponde. Según el artículo 102 del Reglamento de la HCD, si bien se puede analizar el proyecto por separado, "el anteproyecto deberá ser sometido al despacho en pleno de las comisiones a que haya sido destinado el asunto". En la práctica, los proyectos suelen ser considerados por separado y se dictaminan por separado. Cada vez más, las reuniones conjuntas de comisiones son una especie de ficción aceptada por todos los bloques, oficialistas y no oficialistas.
Lo más probable es que la o las reuniones conjuntas de las comisiones de Agricultura y Ganadería y de Presupuesto y Hacienda se hagan efectivamente.
Tal vez el único dato interesante de la nota sea el hecho de que los presidentes de ambas comisiones sean de las provincias díscolas en este drama. Como dijimos ayer, son ellos los que suelen decidir cuándo citar a las reuniones. Es de suponer que si no lo hacen rápidamente, venga De Angeli a pasarles con una cosechadora por encima, y atrás A. Fernández con el Audi.
Respecto del proyecto, era obvio que la propuesta del Poder Ejecutivo debía ser la ratificación de sus decisiones. Esa es la posición de máxima del gobierno. Cualquier otra cosa, se convertiría en eso mismo automáticamente. De ahí a suponer que el voto va a ser sólo por el sí o por el no, todavía hay un trecho.
Por supuesto que ya se empieza a agitar la imagen del Congreso como escribanía, imagen discutida por el Criador y por Arballo. Uno podría preguntarse por qué no puede haber 129 buenos argumentos en Diputados y 42 en el Senado para votar por el sí; por qué no se podría, luego de escuchar a todos los involucrados, responder de 129+42 formas distintas para votar por el sí y no por ello convertir a estos legisladores en lamebotas.
Se abre la famosa instancia de diálogo que ambas partes declamaron desear. Nada impide ratificar la decisión del Poder Ejecutivo o, como señala Gargarella, introducirles cambios. ¿Hablarán?
¿Por qué el artículo es pobre? Para empezar, habla de los pasos a cumplir, pero sólo considera lo que puede pasar en Diputados. En segundo lugar, dice que "podría" haber un dictamen conjunto, pero DEBE haber un dictamen conjunto. Que se reúnan es otra cuestión. En realidad, es lo que formalmente corresponde. Según el artículo 102 del Reglamento de la HCD, si bien se puede analizar el proyecto por separado, "el anteproyecto deberá ser sometido al despacho en pleno de las comisiones a que haya sido destinado el asunto". En la práctica, los proyectos suelen ser considerados por separado y se dictaminan por separado. Cada vez más, las reuniones conjuntas de comisiones son una especie de ficción aceptada por todos los bloques, oficialistas y no oficialistas.
Lo más probable es que la o las reuniones conjuntas de las comisiones de Agricultura y Ganadería y de Presupuesto y Hacienda se hagan efectivamente.
Tal vez el único dato interesante de la nota sea el hecho de que los presidentes de ambas comisiones sean de las provincias díscolas en este drama. Como dijimos ayer, son ellos los que suelen decidir cuándo citar a las reuniones. Es de suponer que si no lo hacen rápidamente, venga De Angeli a pasarles con una cosechadora por encima, y atrás A. Fernández con el Audi.
Respecto del proyecto, era obvio que la propuesta del Poder Ejecutivo debía ser la ratificación de sus decisiones. Esa es la posición de máxima del gobierno. Cualquier otra cosa, se convertiría en eso mismo automáticamente. De ahí a suponer que el voto va a ser sólo por el sí o por el no, todavía hay un trecho.
Por supuesto que ya se empieza a agitar la imagen del Congreso como escribanía, imagen discutida por el Criador y por Arballo. Uno podría preguntarse por qué no puede haber 129 buenos argumentos en Diputados y 42 en el Senado para votar por el sí; por qué no se podría, luego de escuchar a todos los involucrados, responder de 129+42 formas distintas para votar por el sí y no por ello convertir a estos legisladores en lamebotas.
Se abre la famosa instancia de diálogo que ambas partes declamaron desear. Nada impide ratificar la decisión del Poder Ejecutivo o, como señala Gargarella, introducirles cambios. ¿Hablarán?
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