Observatorio unilateral del relato mediático sobre los congresos, parlamentos y/o legislaturas.
jueves, 11 de diciembre de 2008
Constituciones para los periodistas (¿no será mucho pedir?)
Es que ayer se votó en la Cámara de Diputados el proyecto de ley “anticrisis”. Su Capítulo III incluye el famoso blanqueo de capitales. Con distintos porcentajes de acuerdo a qué se haga con esos fondos, esta “manifestación de bienes” debe pagar un impuesto. El escándalo mediático y mediatizado viene por este lado.
Una obvia atribución del Congreso es establecer impuestos. Desde la reforma de 1994, todos ellos “son coparticipables” (artículo 75, inciso 2º, CN), es decir deben ser repartidos entre la Nación y las provincias de acuerdo al sistema establecido por la Ley de Coparticipación Federal de Impuestos. Excepcionalmente, se admite que el Poder Legislativo les dé una asignación específica (como por ejemplo el impuesto a los automóviles de hace unos años destinado a mejorar el sueldo de los docentes), para lo cual la Constitución exige que la ley se vote con la mayoría absoluta del total de miembros de cada cámara –129 votos en Diputados y 37 en Senado– (artículo 75, inciso 3º, CN, que dice: “Establecer y modificar asignaciones específicas de recursos coparticipables, por tiempo determinado, por ley especial aprobada por la mayoría absoluta de la totalidad de los miembros de cada Cámara”).
En grandes titulares las versiones electrónicas de varios medios se hacen eco de una discusión que se generó en la votación de hoy a la madrugada de ese Capítulo. La oposición insistía que era necesaria la mayoría especial, mientras que para el oficialismo no.
Los argumentos son patéticos. O, mejor, se debería decir “el argumento”, ya que fue uno, y sólo uno, el que se esgrimió para sostener tal criterio. Según consta en la versión taquigráfica, el diputado Adrián Pérez dice: “En cuanto a la segunda cuestión, el artículo 27 es muy claro. Hoy el señor diputado Rossi hizo referencia a que no se trataba de un impuesto sino de una tasa. Voy a leer lo que dice el artículo 27: ‘El importe expresado en pesos de la moneda extranjera, divisas y demás bienes que se exterioricen estará sujeto al impuesto especial que resulte de la aplicación de las siguientes alícuotas.’ En consecuencia es un impuesto especial y requiere la mayoría calificada”.
Es posible que como el impuesto es “especial” para el diputado ingrese a la misma categoría de “ley especial”. Vaya uno a saber. Pero asignación específica no se ve ninguna. Por lo tanto, no parece que el proyecto pueda ingresar en la categoría de normas que deban ser aprobadas por mayorías especiales.
Hasta aquí, sólo estaríamos en la crónica de una pequeña escaramuza que ocupa tres carillas de las 224 que tiene la versión taquigráfica.
Pero el megáfono mediático se centró en esta cuestión. Y a la falta de argumentos de los diputados sumó su propia ignorancia, desidia o mala intención.
Veamos.
Para La Nación, con la firma de Lucrecia Bullrich, se dice: “Según el acta de votación nominal de ese punto, el más controvertido de todo el proyecto, el blanqueo logró 128 votos a favor y fue rechazado por 100 diputados. Mientras que para el oficialismo esa cantidad de adhesiones es suficiente, para la oposición haría falta un voto más. Plantean que, por tratarse de un tema impositivo, debió haberse sancionado con mayoría especial, es decir, con al menos 129 votos” (bastardillas propias). Basta una mínima lectura de la Constitución para enterarse que por aquí el proyecto no es atacable. Y hubiera sido interesante que en la nota se expusiera una mínima duda sobre el argumento.
Más adelante, sí, se exponen las opiniones de varios diputados, según las cuales el proyecto establece asignaciones específicas. ¿Cuáles serían? Nadie las dice. Y, evidentemente, nadie preguntó. ¡Una Constitución para Lucrecia Bullrich!
Clarín repite aún más pobremente, si cabe, esta discusión: “ ‘Cuando pasamos a la votación en particular, se sabía que necesitaban 129 votos (para aprobar cada uno de los títulos que integraban el proyecto) porque se estaba votando un impuesto. Sacaron 127, una diputada aclaró que había votado afirmativamente y llegaron a 128. Así que les dijimos que perdieron. Entonces (el jefe de la bancada K, Agustín) Rossi pidió que votara el presidente de la Cámara (Eduardo Fellner) y dijeron que así llegaron a 129, pero Fellner no podía votar porque el reglamento dice que tiene que anunciarlo antes de la votación. Por eso, el título tres no está aprobado’, sostuvo la diputada Patricia Bullrich, de la Coalición Cívica, en diálogo con Clarín.com. (Bastardillas propias).”
¿Alguien le hizo ver a Patricia Bullrich que no es ése el criterio para determinar si hace falta o no la mayoría especial? Clarín seguro que no.
A las 13:11, el medio agrega una nota titulada “Los constitucionalistas debaten si es válido o no el planteo opositor”. Si alguien me puede indicar en qué parte del texto está el debate se lo voy a agradecer.
En fin, ¡otra Constitución para Clarín!
Para no hacer esto muy largo, termino acá. Es obvio que no discuto sobre el tema del blanqueo en sí mismo, ni mucho menos sobre todo el plan. ¿Habrá asignaciones específicas en el proyecto? No lo sé. Tal vez las haya. Pero no surgen de la versión taquigráfica, ni mucho menos del relato de los medios. Estoy marcando lo de siempre. Los medios utilizan cualquier excusa por infundada que sea para echar sombras sobre la actuación del Congreso.
Muchachas y muchachos periodistas: tienen infinidad de aristas criticables en el accionar de nuestros cuerpos parlamentarios. Basta con buscar un poquito, informarse, estudiar, y van a tener material para llenar tres diarios. Les va a faltar el circo, claro. Van a tener que criticar a todos los actores, por supuesto. Pero, bueno, debe ser mucho pedir…
martes, 9 de diciembre de 2008
Sin ahondar en motivos de tal comportamiento, bien podría repetirse una situación como la descripta por el colaborador espontáneo que envió la nota que se transcribe más abajo con cualquier otro tema. Dada su enseñanza, pareciera que habría que desconfiar de cualquier información que se dé sobre las mismas, ya que, como en este caso, hubo un verdadero bombardeo mediático sobre la aprobación por unanimidad de la ley sobre los glaciares y del veto que le propinó el Poder Ejecutivo.
Agradeciendo desde ya la molestia que se tomó mi nóvel colaborador espontáneo, los dejo con la nota anunciada.
Obviamente, quedan todos invitados a enviar sus reflexiones.
P.D.: El amigo requirió mantener el anonimato por motivos que, según mi parecer, son perfectamente entendibles.
Ahora, el seudónimo que eligió, la verdad... en fin...
Estimado colega:
Notable indignación de ciudadano generó en mí el enterarme que el Poder Ejecutivo nacional impidió la puesta en vigencia de una ley que prohibía destruir los glaciares de la República.
Esta indignación se convirtió en irritación y hasta podría afirmar, en agravio moral, en cuanto supe que dicha norma había sido aprobada por unanimidad por la Cámara de Diputados y casi mediando el mismo apoyo en el Senado.
Visto semejante sostén parlamentario, pensé, responder con un veto total equivale a un brutal cachetazo a nosotros, los por ellos representados.
Inmediatamente corrí a hacerme del -ya en mi mente oprobioso- decreto de veda y me puse a leer sus considerandos con fruición, anticipando la facilidad con que los refutarían los sesudos argumentos que nuestros legisladores habrían hecho constar en el debate parlamentario.
En consecuencia, inicié la búsqueda de la versión taquigráfica de la sesión en la que Diputados por unanimidad aprobó la protección de los glaciares. Busqué la palabra "glaciares" en la base de sesiones de la Cámara pero según el sistema ese término no aparece en ningún debate entre marzo de 2001 y febrero de 2008. ¿Era acaso posible que el recinto haya aprobado la ley sin una sola mención a su objeto? Esto me resultaba a primera vista inconcebible.
Luego de varios giros inesperados e inesperables, finalmente dí con la sesión correspondiente, de noviembre y no de octubre de 2007 como señala erradamente la tribuna de doctrina.
Primero que nada, noté que en esa oportunidad fue aprobada un sustancial cúmulo de legislación: impuestos al valor agregado, a los cheques, a los cigarrillos, el presupuesto nacional, cuentas de inversión, importación de neumáticos usados, fondo de recompensas, creación de una universidad, transferencia de inmuebles, venta de pegamentoa menores, forestación de rutas, creación de tribunales, registro de maquinarias agrícolas, declaraciones de validez de decretos de necesidad y urgencia. En fin, aparentemente los diputados tuvieron una agenda de trabajo bastante cargada.
Con paciencia y método llegué finalmente al momento de consideración de la ley que la Presidente se negó a promulgar. Pero para mi profunda decepción ningún diputado hizo mención alguna del tema, que fue votado junto a una decena de "expedientes" y "órdenes del día", a libro cerrado, de una sola vez y en cuestión de instantes. Contrariamente a mi expectativa de beneficiar mi acervo cívico con brillantes intervenciones y lúcidos intercambios sobre la política legislativa para los glaciares, encontré que el registro taquigráfico en la Cámara baja se reduce a solo un voto indiscriminado sin debate alguno sobre las ventajas y desventajas de lo que se estaba tratando.
Pronto caí en cuenta que se trataba de una de esas sesiones "maratónicas" de fin de año donde se despachan miríadas de proyectos sin ninguna discusión, que los periodistas suelen blandir como inequívoca prueba de que los legisladores con frecuencia no tienen idea de qué están votando.
Confieso que ante este desalentador cuadro de situación, no quise ahondar en los pormenores del trámite de la ley en el Senado. Según me comentó un amigo, algo más se dijo al respecto en esa Cámara alta, aunque no mucho. Preferí guardar la enseñanza de no dejarme llevar por estas unanimidades sin discusión que, como el silencio, muchas veces ocultan notables ignorancias. Y también pude rescatar una reflexión acerca de la facultad de veto, y lo útil que resulta para prevenir que decisiones adoptadas detrás de un velo de ignorancia adquieran fuerza de ley.
Respetuosamente suyo,
Matildo Arsenio TereréPrimer Asistente de Verdugo
Cárcel del Pueblo, Principado de Transvalaquia
lunes, 1 de diciembre de 2008
Si sos de la oposición, oponéte o un premio para Patricia Walsh
Provocación para politólogos: parece que en la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires se produjo una serie de acuerdos; parece que los legisladores trabajaron de parlamentarios, limaron diferencias y el oficialismo logró que bloques de la oposición voten algunos de sus proyectos.
Pero, bueno, la noticia es siempre, siempre, que una persona mordió a un perro, por lo tanto es publicable que la oposición vote ¿ladinamente? junto con el oficialismo.
En su edición del 30 de noviembre del diario “Crítica de la Argentina”, página 16, se da cuenta de una situación que, es cierto, puede parecer curiosa dados los modos en se desarrolla la práctica política a nivel nacional. En el Congreso de la Nación, la oposición se opone. Y punto. No hay medias tintas, no hay términos medios. Es todo clarito. Como sugiere el título de la nota, son enemigos. Y si no, seguro que hay algo turbio.
Es la sugerencia de lo que ocurre en la Legislatura. Sobre “29 casos que más debate generaron” (demos por válido el “criterio”), la oposición acompañó con su voto en muchas oportunidades, destacándose el Frente para la Victoria. ¿Qué pasa? Su trabajo es oponerse. Como Patricia Walsh. Ella sí que sabe lo que hace y para qué la votaron. Y si de turbiedad se trata, se desliza por ahí que en uno de los proyectos la “licitación levantó sospechas”. Lo de la separación de poderes, la división entre función legislativa y función administrativa, son conceptos difíciles para A.Z., parece.
Por otra parte, es obvio que si el oficialismo no tiene la mayoría, debe debatir y acordar. Si la oposición hubiera trabajado de oposición al estilo que A.Z. supone o pretende tal vez no se hubiera aprobado ningún proyecto, con el obvio perjuicio al interés general.
La prensa escrita trabaja con tiempos muy acotados. Por este motivo, aun para notas de “análisis”, es imposible estudiar con algo de profundidad los hechos.
Si A.Z. quisiera reforzar su argumento o, tal vez, descubrir matices en sus dichos, le sugiero examinar las siguientes variables:
· El texto original de los 29 proyectos en cuestión, y el texto final aprobado.
· Qué otros proyectos se aprobaron con motivo de haber acordado estos 29.
· Cuántas expresiones de la oposición juntas acompañaron cada uno.
· Cuántos proyectos de ley se presentaron, y cuántos se aprobaron.
· El origen partidario de cada uno.
· De nuevo, qué modificaciones tuvieron.
Estos puntitos son sólo para empezar. Pero no tengo muchas esperanzas. Por eso lo de la provocación para politólogos…
Actualización
El Gobierno Nacional juega con Macri el mismo que la oposición juega con él, llamado "cuanto peor mejor", o, también, "hay que desgastar", según lo bautizara el oráculo de la Federación Agraria. Si se constrastan aisladamente este dato con el de la nota, hay una obvia contradicción. El cuadro hay que completarlo con más elementos. ¿Qué obtuvo el FPV de la Legislatura con sus votos? ¿Qué posibilidad real de obstruir los proyectos tiene o tenía? ¿Hay otros bloques dispuestos a negociar? ¿Qué obtienen estos bloques?
¿Hay especulación política? Seguramente. ¿Hay interés en los vecinos? Posiblemente.
Pero me metí en terreno que no conozco. ¡Ayuda politólogos!
jueves, 13 de noviembre de 2008
Bendita coma
Al igual que aquella vez, en la versión on line de Clarín, para informar que las comisiones del Senado produjeron un dictamen en el que aconsejan al plenario darle sanción definitiva al proyecto de ley de Diputados sobre el nuevo régimen previsional, utilizan una frase a la que, tal vez, pretendan darle otros significados: "AFJP: sin cambiar una coma, quedó allanado el camino en el Senado". ¿Qué es esto de "sin cambiar una coma"?
Es, claro, una obviedad. En un sistema bicameral, cuando una cámara está completamente de acuerdo con la otra en un proyecto, lo debe aprobar sin cambios, es decir "sin cambiar una coma".
Pero... la repetición del "recurso", su utilización en grandes titulares, es sugestiva. ¿Se querrá decir algo más aparte del cumplimiento de los pasos constitucionales para la aprobación de las leyes? ¿Se querrá deslizar que los senadores son obseKuentes? No sé si lo son o no. Tal vez lo sean. Pero no ayuda seguir fomentando la imagen de legisladores dóciles vs. legisladores valientes de acuerdo a si dan su aprobación o no a las acciones de gobierno, cuando es evidente que no puede ser de esta manera en el ciento por ciento de los casos y con todos los proyectos.
jueves, 23 de octubre de 2008
Otra vez sobre las comisiones
martes, 8 de julio de 2008
Una Constitución para La Nación
¿Habrá alguien en la redacción del diario que se ocupe de controlar que no se digan semejantes burradas? La lectura de los artículos 77 a 81 de la Constitución Nacional, correspondientes al procedimiento para la formación y sanción de las leyes puede resultar algo confusa, pero es ineludible si se quiere informar apropiadamente sobre el camino que tiene un proyecto de ley en el Congreso.Soportar otro debate en la Cámara de Diputados y conseguir los dos tercios de los legisladores para aprobar cualquier tipo de modificación que propicie el Senado significa, para la Casa Rosada, un temblor que no están dispuestos a tolerar.
La ajustada votación en la Cámara baja dejó exhaustos a los hombres del oficialismo. Si el proyecto de retenciones es modificado por los senadores, esta vez el Gobierno necesitará más aliados para su ratificación, y no la mayoría simple que debió conseguir en el debate del sábado.
Es verdad: es muy posible que para el oficialismo sea poco conveniente que el proyecto de las retenciones sea modificado en el Senado y, por lo tanto, deba ser considerado nuevamente en la Cámara de Diputados. Pero la cuestión de las mayorías es un tema aparte. Una buena síntesis del procedimiento puede verse aquí.
¿Cuáles serían las distintas alternativas que podrían darse? Por supuesto, si el Senado aprueba el proyecto enviado por la Cámara de Diputados con la mayoría absoluta de los presentes, el capítulo parlamentario terminó, salvo un eventual veto del Poder Ejecutivo.
La cuestión se presenta, como dice la nota, si se le introducen modificaciones al proyecto. Las posibilidades previstas por la Constitución son dos (y sólo dos): que las reformas sean votadas por mayoría absoluta o por los dos tercios, en ambos casos computados sobre los presentes. Esta diferencia adquiere relevancia si y sólo si la Cámara iniciadora, en este caso la de Diputados, tuviera intención de insistir en su sanción original, ya que para aceptar las modificaciones es suficiente la mayoría absoluta de los presentes.
Dado que un consenso que signifique el voto por los dos tercios en el Senado de este proyecto ya aparece como algo imposible, se debe concluir que, salga como salga, se va a votar con la mayoría absoluta de los presentes. Esto significa que los 129 diputados que votaron afirmativamente la iniciativa de las retenciones el sábado pasado, tendrían abiertas las opciones para insistir con su criterio, o para aceptar las modificaciones de los senadores.
Suponiendo que lo anterior haya sido bien explicado, no hay dificultad en ver lo alejado de la realidad institucional que es el párrafo transcripto más arriba, independientemente de las dificultades políticas que se pudieran presentar para volver al tratar el proyecto en la Cámara de Diputados.
miércoles, 2 de julio de 2008
Sesionando el fin de semana
Igualmente, se puede plantear alguna pequeña duda sobre la forma en que se va a reflejar el debate en la sesión de este proyecto, dadas ciertas condiciones.
Los diputados opositores fatalmente no van a estar de acuerdo con el dictamen que salga de las comisiones (máxime teniendo en cuenta que su única propuesta unificada, hasta ahora, es la derogación lisa y llana de la resolución 125). ¿Cuál va a ser su actitud cuando se quiera llevar el asunto al plenario de la Cámara?
Parece darse como un hecho que el proyecto va a ser considerado de aquí al sábado. Como se supone que todo despacho de comisión debe quedar en observación durante siete días hábiles luego de ser impreso y distribuido para que los diputados que no integraron las comisiones puedan conocerlo y formular las observaciones que consideren pertinentes (artículo 113 del Reglamento de la Cámara de Diputados), es evidente que los tiempos se van a acelerar al máximo. O eso es lo que se supone...
Senderos que se bifurcan
El camino que posiblemente se tome sea el de citar a la realización de una sesión especial para considerar dicho dictamen. Una cuestión que puede generar dudas es, precisamente, la posibilidad o no de darle tratamiento este tipo de despachos sin una decisión de una mayoría especial (dos tercios de los votos) de la Cámara. Para esto hay antecedentes tanto a favor como en contra.
Los diputados no oficialistas, ¿adoptarán una postura obstruccionista al tratamiento del dictamen?
Digresión pretendidamente aclaratoria
Despejemos rápidamente esto de "postura obstruccionista". Habitualmente se dice que la responsabilidad del quórum es del oficialismo. Es decir que si, por el motivo que sea, el no oficialismo pretende dificultar el tratamiento de un proyecto, va a esperar a que los diputados del gobierno lo consiga. Es una táctica parlamentaria habitual, de la que no hay que asustarse ni criticarla siempre y bajo toda circunstancia, pero de la que no se debería abusar.
Otra posible táctica es, una vez iniciada la sesión por haberse conseguido el quorum, sostener que son necesarios los dos tercios de la cámara para habilitar el tratamiento de un dictamen sin el término vencido, como si se tratara de un proyecto sobre tablas. Esto podría demandar cierto tiempo de discusión, mientras, tal vez, se siga conversando entre los bloques.
En definitiva, de apelarse a estas estrategias, la oposición conseguiría postergar por horas o días que se apruebe un proyecto con el que dicen no estar de acuerdo.
¿Vagos o patriotas?
Cuando un grupo de legisladores (sin importar de qué sector) recurre a la práctica de no dar el quórum, los medios repiten la cantinela de que son vagos, de que se les paga por trabajar, y otros sinsentidos por el estilo. Hay infinidad de motivaciones para recurrir a esta estrategia. Una muy simpática se le atribuye a quien fuera presidente del bloque de la UCR durante el gobierno de Alfonsín y al comienzo del de Menem, César Jaroslavsky, quien decía que si se los obligaba a concurrir sí o sí a sesionar, los diputados de la minoría que no estuvieran de acuerdo con un proyecto al que no pudieron modificar en ningún sentido lo estarían "votando con el culo", en alusión a la necesidad de estar sentados en sus bancas para que se los cuente para el quórum.
Tengo enormes dudas de que se les vaya a aplicar el mote de vagos a los diputados no oficialistas que no concurran a prestar el quórum, si eligieran esa táctica. Y hasta podría ocurrir que muchos comunicadores se olviden de sus críticas para pedirles por favor que lo hagan de esa manera. Sería una gran oportunidad para que tales comunicadores se informen y aprendan un poco de tácticas parlamentarias, y las transmitan, por una vez, con cierta precisión. Y que su público no lo olvide.